Coaching, Lenguaje Positivo

¿Y SI PROFUNDIZAMOS EN EL LENGUAJE POSITIVO PARA ENRIQUECER PROCESOS Y HABILIDADES DE COACHING?

“El coaching es un arte difícil de dominar. Hace falta valor para preguntar algo en vez de dar un consejo, una respuesta o una solución. Dar a otro la oportunidad de hallar su propio camino, cometer sus propios errores y desarrollar su propio juicio exige valentía, porque nos hace vulnerables”. 

Brené Brown, autora de Frágil: El poder de la vulnerabilidad 

He tenido la maravillosa oportunidad de conocer el arte del coaching a través de grandes profesionales, viéndoles en acción desplegando su trabajo en organizaciones, profundizando en sus conceptos a la vez que formando a coach internos. Personas ayudando a personas en entornos tanto profesionales como personales. He visto a los coach recién formados ganando valentía, para ser ellos mismos, para aportar valor o para expresar vulnerabilidad. Y a los coach expertos buscando la manera más valiosa de ofrecer sus herramientas a la persona que busca su camino. 

Un arte difícil de dominar, es así, personas frente a personas. Técnicamente, simplemente, personas que hablan con personas, palabras pronunciadas y escuchadas.  Y sin embargo, palabras que producen cambios y ofrecen oportunidades si se utilizan con maestría.

¿Qué palabras utilizar entonces para dar oportunidades? ¿Qué tipo de lenguaje ayuda, potencia todas las herramientas que el coach puede aportar a su cliente? ¿Qué lenguaje sostiene la valentía y nos permite a la vez, mostrarnos vulnerables para ayudar al otro?

Hemos indagado y profundizado en estas preguntar para ayudar a los coach a ser más conscientes del lenguaje que utilizan ellos y sus clientes, para ofrecerles una herramienta desde el lenguaje adecuada a la metodología del coaching, un proceso que se desarrolla en el tiempo, evoluciona y concluye. 

Y de nuevo, tengo la maravillosa oportunidad de desplegar este trabajo con dos grandes profesionales, José Luis Hidalgo y Juanjo Pineda, que desde dos ámbitos distintos y complementarios, saben unir con valentía su conocimiento y experiencia. 

Comenzamos este mes de octubre con un logro materializado: el primer curso on line para enriquecer la práctica como coach profundizando en la clave del lenguaje positivo. 

El curso on line “Lenguaje positivo para potenciar tu coachig “ está disponible en el siguiente enlace .

https://www.udemy.com/course/lenguaje-positivo-para-potenciar-tu-coaching/?referralCode=DFDCF1464517AE97D2A4

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Palabras desde el alejamiento social

IMG_802115 días ya en casa. No sé bien cómo sentirme. Aquí estoy bien, es mi hogar, mi refugio (ahora, literalmente). “Describe tu casa”. Es una de las preguntas que solemos realizar en las entrevistas que hacemos a directivos para analizar su lenguaje . ¿Cómo? “Describe tu casa”. Cuando contestan con frases que incluyen la palabra “refugio” sabemos mucho más de la vida de esta persona. Tiene que defenderse, necesita protección, está en guerra en algún lugar de su vida. Fuera caen bombas.

Ahora, la única metáfora que resume nuestra situación como sociedad en el mundo es “en guerra contra el coronavirus” . Me interesa el lenguaje, escucho y leo buscando otras metáforas que describan la situación pero no destacan, solo palabras bélicas: en guerra, en primera línea de defensa, enfrentando, luchar, atacar, resistir. Ganar. Refugiarse en casa. Refugio. Las palabras no son inocentes, crean realidades. Así que aquí estoy, en mi refugio. Leo mucho, es mi pasión y mi profesión. Acabo de terminar una gran novela “Recuerdos del porvenir” de la mexicana Elena Garro. ¿Cómo no la descubrí antes? Y me he sentido atrapada emocionalmente por uno de sus personajes, Juan Cariño. Un loco entrañable y cabal, enamorado de los diccionarios, con una misión limpiadora:

“Su misión secreta era pasearse por mis calles y levantar las palabras malignas pronunciadas en el día. Una por una, las cogía con disimulo y las guardaba debajo de su sombrero de copa. Las había muy perversas; huían y lo obligaban a correr varias calles antes de dejarse atrapar (…) Al volver a su casa, se encerraba en su cuarto para reducir las palabras a sus letras y guardarlas otra vez en el diccionario, del cual no deberían haber salido nunca. Lo terrible era que, no bien una palabra maligna encontraba el camino de las lenguas perversas, se escapaba siempre, y por eso su labor no tenía fin.”

En días de fiesta, Juan Cariño, el loco de Ixtepec, era el más feliz: estaba de vacaciones porque las palabras que estaban en el aire eran sus palabras predilectas y su sombrero estaba vacío de palabras perversas.

He descubierto estos días palabras que quisiera que Juan Cariño guardara todas las noches en su sombrero de copa, capturándolas por las calles de mi ciudad, de mi barrrio, para que nos librara de sus efectos. Enfermos y muertos, tristeza y angustia. Y también otras menos evidentes, a las que no había hecho mucho caso antes por nuevas, por defensivas.  “Distancia social”. Sí, vale, lo sé, a dos metros. Sin abrazos ni besos. Nada de grupos.  Ahora leo “Alejamiento social”.  Más intensa, más negativa. Los investigadores lo definen así: “Reducir el contacto fuera del hogar, en la escuela o en el lugar de trabajo en un 75 %”. Todas las naciones deben imponer el alejamiento social. Minimizar el contacto social, lo que, en general, reduciría el número de contactos en un 75 %  (Pienso que tendremos que pensar y elegir muy bien quién formará parte de ese 25% de personas con las que sí tendremos “cercanía social”).

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Foto de ilustración original de Jimmy Liao

Cuando la distancia social y más grave, el alejamiento social, se instalen en nuestras ciudades, en nuestros barrios, nuestra actual forma de vida saltará por los aires. Parecen palabras neutras y no lo son, la realidad que nos traen es perversa, con consecuencias en todas las dimensiones de la sociedad, personales y económicas.

Hoy, sin saber aún cómo sentirme, quisiera ver a Juan Cariño pasear por nuestras calles para capturar rápidamente estas palabras en la noche y tras volver a casa, reducir las palabras a sus letras y guardarlas otra vez en el diccionario, de donde no deberían haber salido. Nunca.

“Cuando yo muera, alguien tiene que heredar mi misión limpiadora. Si no, ¿qué será de este pueblo?”        Juan Cariño.  Personaje de Elena Garro.

 

 

Confianza, lenguaje

Matronas y violencia de género: construyendo el lenguaje de la confianza

He tenido el enorme placer de ser ponente en el curso de especialización para matronas organizado por la Escuela de Enfermería de la Universidad de Barcelona. Forma parte de un ambicioso y necesario proyecto de investigación impulsado por RecerCaixa: Prevención y detección de la violencia de género durante el embarazo.

Conferencia Diana Yoldi en Universidad de Barcelona Escuela de Enfermería
Cómo generar confianza a través del lenguaje en el diálogo entre matrona y paciente

 

El diálogo con la paciente se convierte para estas grandes profesionales en la herramienta a través de la cual pueden detectar e intervenir cuándo se está produciendo violencia de género contra la mujer embarazada. Diálogo basado en la confianza. Por ello, conocer cómo es su lenguaje, qué tipo de comunicación habitualmente emplean en su trabajo, reflexionar sobre si se expresan de la forma adecuada para construir la relación de confianza con la mujer embarazada, es su camino de perfeccionamiento profesional.

Agradezco desde aquí a las magníficas profesionales que impulsan esta iniciativa todo cuanto he aprendido de ellas. Fue un día magnífico.

Ponentes Jornada DETECCIÓ I ABORDATGE DE LA VIOLENCIA MASCLISTA A L’EMBARÀS

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lenguaje, Palabras

Frases positivas redactadas en negativo… ¿y si me lo dices más directamente?

Cuando oímos decir “no”,  cada vez más investigaciones acreditan que se produce un incremento de la hormona del cortisol en nuestro organismo ya que nuestro cuerpo (muy inteligentemente, con una inteligencia generada por miles de años de evolución) se pone en modo alerta.  El cortisol es un biomarcador (la medida de una respuesta biológica) de estrés.  Por ello nos cansa enormemente oír tantos “no” a nuestro alrededor, entramos en modo alerta y nos defendemos … o atacamos.

Lo que hemos descubierto analizando el lenguaje que utilizamos a diario y que se utiliza además en entornos empresariales, es que un porcentaje muy alto de las frases negativas que utilizamos y que empiezan con “no” tienen poco o ningún sentido negativo.

Es decir, son positivas.

Desde un “esto no está mal” a un “no queremos que nadie se quede fuera del equipo”, “aquí no desconfiamos  escuchamos muchísimas frases con un mensaje positivo que sin embargo están expresadas en negativo. ¿Por qué?  Quizás la respuesta está en nuestra cultura, basada en la penalización y en la prudencia positiva, en no atender los aspectos positivos para no destacarlos, una cultura que reconoce poco y que desde la expresión, es más neutra e incluso negativa.

Lo cierto es que estas frases redactadas en negativo inundan nuestro lenguaje a diario, incluso en personas marcadamente positivas y con mensajes habitualmente optimistas. Si nos paramos a escuchar y apuntamos las veces que oímos (y decimos) una frase positiva redactada en negativo nos asombraríamos. Es algo que merece la pena hacerse, un momento, escuchando atentamente en una reunión o sentados en una terraza dialogando con amigos:

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Obtenidas del último análisis realizado en una entrevista …

Junto al argumento del estrés generado por la escucha abusiva de noes aparece también otro aspecto que a veces no es tan evidente a primera vista : estas frases positivas redactadas en negativo son a menudo rebuscadas, largas, confusas y poco precisas. Necesitan mucho contexto y tiempo para explicarse. Necesitan mucha atención para interpretar qué se ha dicho realmente y cuando vamos rápido generan malentendidos, el gran desgaste de la comunicación entre personas. Y nos empujan a pronunciar palabras que no queremos: miedo, incómodo, preocupado, mentir, inconveniente…

Por ello, cuando queremos tener un lenguaje muy creíble, honesto y claro estas frases deben evitarse, ser directos es la mejor opción. Cuando queremos tener energía en nuestro lenguaje también; usa frases afirmativas cuando pidas algo o des una orden. Directamente. Para no confundir ni perder tiempo.

¿Hacemos una prueba tecnológica? Son tan complejas y rebuscadas estas frases que hasta la sofisticada inteligencia artificial que trabaja con machine learning aún no ha podido incorporarlas. Coge tu iphone, dile  a Siri que quieres saber el tiempo y te lo dirá. Pero si le dices  “no quiero saber el tiempo”  ¡también te lo dirá!  porque es la respuesta predefinida que considera más probable que estés buscando.

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Confusión, falta de precisión y mucha energía perdida. No quiero terminar este artículo sin comentar que … vamos, que termino aquí.