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Frases positivas redactadas en negativo… ¿y si me lo dices más directamente?

Cuando oímos decir “no”,  cada vez más investigaciones acreditan que se produce un incremento de la hormona del cortisol en nuestro organismo ya que nuestro cuerpo (muy inteligentemente, con una inteligencia generada por miles de años de evolución) se pone en modo alerta.  El cortisol es un biomarcador (la medida de una respuesta biológica) de estrés.  Por ello nos cansa enormemente oír tantos “no” a nuestro alrededor, entramos en modo alerta y nos defendemos … o atacamos.

Lo que hemos descubierto analizando el lenguaje que utilizamos a diario y que se utiliza además en entornos empresariales, es que un porcentaje muy alto de las frases negativas que utilizamos y que empiezan con “no” tienen poco o ningún sentido negativo.

Es decir, son positivas.

Desde un “esto no está mal” a un “no queremos que nadie se quede fuera del equipo”, “aquí no desconfiamos  escuchamos muchísimas frases con un mensaje positivo que sin embargo están expresadas en negativo. ¿Por qué?  Quizás la respuesta está en nuestra cultura, basada en la penalización y en la prudencia positiva, en no atender los aspectos positivos para no destacarlos, una cultura que reconoce poco y que desde la expresión, es más neutra e incluso negativa.

Lo cierto es que estas frases redactadas en negativo inundan nuestro lenguaje a diario, incluso en personas marcadamente positivas y con mensajes habitualmente optimistas. Si nos paramos a escuchar y apuntamos las veces que oímos (y decimos) una frase positiva redactada en negativo nos asombraríamos. Es algo que merece la pena hacerse, un momento, escuchando atentamente en una reunión o sentados en una terraza dialogando con amigos:

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Obtenidas del último análisis realizado en una entrevista …

Junto al argumento del estrés generado por la escucha abusiva de noes aparece también otro aspecto que a veces no es tan evidente a primera vista : estas frases positivas redactadas en negativo son a menudo rebuscadas, largas, confusas y poco precisas. Necesitan mucho contexto y tiempo para explicarse. Necesitan mucha atención para interpretar qué se ha dicho realmente y cuando vamos rápido generan malentendidos, el gran desgaste de la comunicación entre personas. Y nos empujan a pronunciar palabras que no queremos: miedo, incómodo, preocupado, mentir, inconveniente…

Por ello, cuando queremos tener un lenguaje muy creíble, honesto y claro estas frases deben evitarse, ser directos es la mejor opción. Cuando queremos tener energía en nuestro lenguaje también; usa frases afirmativas cuando pidas algo o des una orden. Directamente. Para no confundir ni perder tiempo.

¿Hacemos una prueba tecnológica? Son tan complejas y rebuscadas estas frases que hasta la sofisticada inteligencia artificial que trabaja con machine learning aún no ha podido incorporarlas. Coge tu iphone, dile  a Siri que quieres saber el tiempo y te lo dirá. Pero si le dices  “no quiero saber el tiempo”  ¡también te lo dirá!  porque es la respuesta predefinida que considera más probable que estés buscando.

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Confusión, falta de precisión y mucha energía perdida. No quiero terminar este artículo sin comentar que … vamos, que termino aquí. 

 

Asertividad, Emociones, lenguaje

la importancia de un adverbio

 

[como escribía admirablemente Lobo Antunes   “Soy todavía, por ejemplo, cuando me detengo a ver a unos chicos jugando al fútbol y la pelota, mal lanzada, viene a parar a mis pies y no me resisto a devolverla, feliz, con un chute con estilo, después de hacerla botar dos veces en la rodilla, y en esos momentos recupero instantáneamente la infancia y la alegría. Soy ya en los restaurantes, si los niños corren más de un cuarto de hora a gritos entre las mesas y me apetece hacerles primero una zancadilla y estrangularlos después con un chirriar de dientes vengativo, echando espuma por la boca. Soy todavía en el placer que siento al andar por el bordillo de la acera sobre aquellas piedras largas sin pisar las junturas que las separan, o caminar sólo por las baldosas negras del suelo de la cocina. Soy ya al pensar, como el poeta francés, que el amor es un verbo imposible de conjugar dado que el pretérito no es perfecto, el presente es poco indicativo y el futuro condicional…].

“Todavía” es un adverbio. Como si fuera una célula glía suministra de información a las palabras principales, los sustantivos, los adjetivos…, digamos que es una opción secundaria en una frase, no tiene glamour, desde luego no el glamour de un verbo, sin el cual es imposible vivir, amar, construir o elaborar un discurso coherente. Sin embargo las células glía son indispensables para hacer llegar todo el apoyo y el auxilio a las neuronas, igual que un adverbio, un artículo o un pronombre, que dan estructura y soporte a las palabras principales. Son un importante asunto menor.

Porque en la inclusión de esta pequeña palabra, a veces, casi siempre, nos jugamos el futuro. Sin ella nos volvemos predecibles, rutinarios, quejumbrosos, y por eso, basta con su utilización para que abramos una pequeña puerta al mundo de la posibilidad, para que sigamos lúdicos, esperanzados. “Todavía” es un adverbio inquietante ya que sugiere o invita, de forma velada,  que no hay un final y, por tanto, que “todavía” hay tiempo para la escucha, para la creatividad, el juego, la emoción o el atrevimiento, e incluso, la equivocación.

 

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Con este adverbio las personas nos volvemos navegables… el alma liviana que fluye y vive el tiempo que tiene delante. A partir de cierta edad, cada persona es responsable de la cara que tiene, nuestra piel se convierte en el cuaderno donde escribimos la historia de nuestra vida y en ella integramos aquello que superamos, que incorporamos a través de nuestro trabajo y nuestro esfuerzo. Y aquí es donde las palabras juegan un papel primordial, porque, sin duda, nos parecemos a lo que decimos, tenemos la cara y el gesto de nuestro discurso, de nuestros “ruiditos” y suspiros (puf, uf, ñec, ehh, ah, guau…), pero también nos parecemos a lo que callamos, a nuestros silencios, pausas, respiraciones. Pues bien esta estupenda palabra, “todavía”, hace que nos brillen los ojos, la piel, que nuestros músculos se preparen y estén prestos, nos sienta bien, nos embellece porque nos anima.

En ese sentido, es la misma palabra que gobierna la vida de los que resisten y están dispuestos a seguir, cueste lo que cueste, haciendo aquello que les gusta y les dio sentido a la vida. Es el “todavía” de Leonard Cohen cuando nos regaló su último disco “you want it darker” sabiendo que, efectivamente, iba a ser su último disco ; o el de Auguste Rodin  cuando, siendo un genio discutido, diseñó la arriesgada y deslumbrante exposición de París en 1.900 con 60 años e, indiscutiblemente, el alma navegable; o el de tantas y tantas personas que no se conforman e inventan nuevas formas para encontrar su propio ritmo, su propio misterio, su auténtico desafío.

La vida que tú convocas,

La vida que se vuelve apetecible, placentera, la que tiene la pausa suficiente para que te encuentres por lo menos una vez al día. A veces, para vivir, para vivir bien, hace falta un poco de locura, pero la locura cuando es sabia casi siempre viene precedida de nuestro lenguaje. No basta con el descaro o el desenfado, necesitamos conocernos bien, aprovechar las cartas y el talento del que disponemos en el momento exacto en el que nos encontramos, necesitamos sembrar de palabras buenas nuestros pensamientos, un habla interior rico y poderoso. Aprender lo bueno requiere poso y paciencia, tiempo interno y calma. La vida la convocamos todos los días, nos llega todos los días.

 

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Esa es la invitación que te hago, tal cual lo cuenta Lobo Antunes en el extracto que he reproducido al principio de este texto. Es una apuesta basada en un adverbio, el adverbio “todavía” para que sigas disfrutando y convocando la vida, esa que nos llega todos los días, en cada segundo ¿lo puedes percibir?.

 

José Luis Hidalgo

Mail:  jlhidalgo@inteligenciaenellenguaje.com

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